VISIÓN: Ser una Iglesia Bíblica, que viva los principios del Reino así como Jesús, lo manda para cumplir con la Gran Comisión. Nuestra visión es cumplir con la misión de la Iglesia y obrar afuera del templo en la proclamación del evangelio. Fuimos Llamados a servir y proclamar el año agradable del Señor… y esparcir la semilla de la fe en Cristo Jesús por toda nuestra ciudad, representando a Jesucristo como embajadores de su reino y poder.

MISSIÓN: Existimos para consolidar y discipular al mundo por medio de la predicación y la enseñanza del evangelio de Jesucristo, bajo el poder del Espíritu Santo. Nuestra missión es amar a nuestra ciudad y prepararnos unos a los otros para tener una relación estrecha con el señor de señores y Rey de Reyes.


Creemos que para el desempeño del ministerio oficial de la Iglesia, Dios llama a cada persona, y que el Espíritu Santo confiere a cada ministro la facultad de servir a la Iglesia en distintas capacidades y con distintos dones, cuyas manifestaciones son todas para edificación del cuerpo de Cristo (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:5-11; Efesios 4:11, 12).


Creemos también, que aunque el llamamiento al ministerio es de origen divino, la Palabra de Dios contiene suficientes enseñanzas sobre los requisitos que debe llenar la persona que vaya a servir en el ministerio, y que corresponde a los gobiernos eclesiásticos organizados, examinar a los candidatos al ministerio y determinar cuándo son dignos de aprobación, y la tarea a que se deban dedicar (Hechos 1:23- 26; 6:1-3; 1 Timoteo 3:1-10; 4:14; 5:22; Tito 1:5-9).


Creemos además, que el Espíritu Santo usa al ministro en distintas formas, según las necesidades de la obra de Dios y la capacidad y disposición personal del ministro. Nadie puede ser colocado en una posición más elevada que aquella a que se haga merecedor (Romanos 12:3; 1 Timoteo 3:13).


La Iglesia Capernaum Valley tiene una sistema de gobierno teocrático-episcopal, por lo tanto, creemos que el obispado es el cargo más elevado en el ministerio, y que a quienes lo deben tomar con humildez y mucha seriedad.

Creemos: que dios se ha manifestado al mundo en distintas formas a través de las edades. Padre en la creación del universo, enviando a su Hijo unijenito para la redención de la humanidad y como Espíritu Santo derramándose en los corazones de los creyentes (Génesis 1:1, Juan 1:1-3,14, 2 Corintios 3:17).


Este Dios es el creador de todo lo que existe, sea visible o invisible. Es eterno, infinito en poder, Santo en su naturaleza, atributos y propósitos y poseyendo una Divinidad absoluta e indivisible; es infinito en su inmensidad, inconcebible en su modo de ser e indescriptible en su esencia; conocido completamente sólo por sí mismo, porque una mente infinita sólo ella puede comprenderse a sí misma. No tiene cuerpo ni partes y por lo tanto está libre de todas las limitaciones.

Creemos que Jesucristo fue engendrado milagrosamente en el vientre de la virgen María, por obra del Espíritu Santo, y que al mismo tiempo es el único y verdadero Dios (Romanos 9:5; 1 Juan 5:20). El mismo Dios del Antiguo Testamento tomó forma humana (Isaías 60:1-3).


“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros...” (Juan 1:14). “Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne, ha sido justificado en el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado a los gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).


Creemos que en Jesucristo se unieron en una forma perfecta e incomprensible los atributos divinos y la naturaleza humana, por lo tanto, se manifestaron en él la voluntad humana y divina. (Lucas 22:42; Juan 6:38; Filipenses 2:8). Por parte de María, en cuyo vientre tomó forma de hombre, era humano; por parte del Espíritu Santo, que fue el que lo engendró en María, era divino (Lucas 1:35); por eso se le llama Hijo de Dios e Hijo de hombre.


Por lo tanto, creemos que Jesucristo es El Mesias, “y que en él habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente” (Colosenses 2:9), y que la Biblia da a conocer todos los atributos: es Padre Eterno, a la vez que es un niño que nos ha nacido (Isaías 9:6). Es creador de todo (Isaías 45:18; Colosenses 1:16, 17).


Es omnipresente (Deuteronomio 4:39; Juan 3:1, Mateo 18:20, Juan 14:3). Hace maravillas como Dios Todopoderoso (Salmos 86:10; Lucas 5:24-26). Tiene potestad sobre el mar (Salmos 107:29, 30; Marcos 4:37-39). Es el mismo siempre (Salmos 102:27; Hebreos 13:8).



Creemos que el Espíritu Santo es el mismo del Antiguo Testamento, encarnado en Jesucristo y derramado en los corazones de los creyentes después de la glorificación del Hijo de Honbre. Creemos que el “Padre” (Juan 14:16)


Creemos también que el Espíritu Santo produce el nuevo nacimiento en la vida del creyente, el cual es necesario para entrar en el reino de Dios (Juan 3:3; 1 Corintios 12:3) y es potencia que permite testificar de Cristo (Hechos 1:8), y así mismo sirve para la formación de un carácter cristiano más agradable a Dios (Gálatas 5:22-25).


Creemos en las nuevas lenguas o idiomas en que el creyente puede hablar, y que esta señal es también para nuestro tiempo. Pero sabemos que es don de Dios por medio del espiritú santo y sele da al creyente conforme y segun el tiempo de Dios. Creemos que debe ver Algen para entrepretar mensajez que son para edificación del creyente y del Pueblo.


El mismo Espíritu da dones a los hombres, que sirven para la edificación de la Iglesia (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:1-12; Efesios 4:7-13), pero no aceptamos que haya en ningún hombre la facultad de impartir a otro algún don, “en todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11). “Y a cada uno fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7).


Creemos en la resurrección literal de nuestro Señor Jesucristo que se efectuó al tercer día de su muerte, como lo relatan los evangelios (Mateo 28:1-10; Marcos 16:1-20; Lucas 24:1-12, 36-44; Juan 20:1-18) y el resto del Nuevo Testamento (1 Corintios 15:3-8). Esta resurrección había sido anunciada por los profetas (Isaías 53:10-12) y es necesaria para nuestra esperanza, justificación, santificación y glorificación final. (Romanos 4:25; 1 Corintios 15:20).


Creemos además que la resurrección de Jesucristo es la demostración de su divinidad absoluta, señorío y soberanía en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra. (Juan 10:17,18; Mateo 28:18; Filipenses 2:10,11; Apocalipsis 1:17,18).


Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, es fuente de vida eterna y poder (Génesis 1:1, Hebreos 4:12, Juan 1:1, Juan 6:63), porque es inspirada por Dios y “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16 y 17). Es decir, toda la Escritura antes de ser pronunciada por los profetas y autores, fue enviada por la inspiración Divina. “porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).


Por tal motivo creemos que toda nuestra regla de fe, valores, conducta, disciplina y esperanza de vida eterna deben estar basados en la Palabra de Dios: “Sécase la hierba, marchítase la flor; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” (Isaías 40:8) “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).


Creemos que la salvación es por gracia de Dios y se alcanza por medio de la fe; no depende de las obras, sino que es un don de Dios (Isaías 49:6; Efesios 2:8-10; Romanos 1:16-17; Hebreos 2:10-18), el amor de Dios se manifestó para salvación en el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario (Juan 3:16), la fe, el arrepentimiento y el bautismo son necesarios para llegar a la salvación (Hechos 3:19; Mateo 3:2; Romanos 3:21-31).


Creemos que el hombre es justificado por la fe en Jesucristo, a través de quien somos hechos partícipes de la naturaleza divina y experimentamos una vida nueva (Romanos 5:1-2). Por este nuevo nacimiento, el creyente se reconcilia con Dios y está capacitado para servirle con la voluntad y los dones del Espíritu (2a Corintios 5:18-19). Todo creyente arrepentido debe ser bautizado en el nombre de Jesucristo como pacto con Dios (Marcos 16:16; Hechos 2:38; 10:48, 19:5).


Creemos que la santificación es obra de la gracia de Dios que nos lleva en el proceso de perfeccionamiento mediante la fe (2a Tesalonicenses 2:13), por el oír la Palabra (Romanos 10:17) y por la manifestación del Espíritu Santo (Romanos 8:5- 9). Los que han nacido de nuevo son limpiados del pecado en sus pensamientos, palabras y actos, y están capacitados para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios y seguir la santidad sin la cual nadie verá al Señor. (Hebreos 2:10-15).


Creemos en la glorificación como promesa de Dios, donde todo aquel ser humano que se ha arrepentido, puesto su fe en Cristo y ha sido bautizado en el nombre de Jesucristo, debe vivir alejado del pecado y perseverar hasta el fin para ser salvo. (Hebreos 10:26-31; Marcos 13:13; Hebreos 12:1-17).


Creemos que, aunque hemos experimentado la regeneración, es posible apartarse del camino de Dios y caer en el pecado; dejando de alcanzar la gracia (Hebreos 12:15- 17).


creemos que la Gracia de Dios es una doctrina bíblica de salvación que denota el favor inmerecido dado por Dios al hombre, y que esta gracia se manifiesta a todos los hombres sin hacer acepción de personas pero que no es incondicional, sino por medio de la fe en Cristo Jesús, y que es por medio del Espíritu Santo. Esta gracia puede ser resistida o rechazada por el hombre que no se arrepiente ni cree en Jesucristo, siendo éste uno de los mayores pecados, a pesar de todo lo que el hombre es: indigno, pecador, depravado, desobediente e hijo de ira. No obstante, Dios que es rico en misericordia, provee aún a los pecadores, de bendiciones.


Gracia es una palabra que viene del hebreo: “hen” y del griego “charis” que significa “favor o bondad”. Gracia es la forma en que la Biblia describe como Dios escoge bendecirnos en vez de maldecirnos a causa de nuestros pecados, mediante la Fe en el sacrificio de Cristo en la Cruz. Esta palabra se usa en la Biblia para indicar el favor inmerecido de Dios para con el hombre (Romanos 3:24-26; Efesios 2: 8-9) De esta manera el creyente experimenta la Gracia de Dios en gran variedad de circunstancias, como la salvación (Efesios 2:8,9), santificación (Efesios 6:14,19,22), servicio (2 Corintios 2:9); e incluso en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9).


El verdadero concepto de la Gracia es para que el pecado ya no se enseñoree de nosotros, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la Gracia que nos capacita para todo (Romanos 6: 14,15), y la Gracia no es una licencia para cometer pecado pues ella nos enseña a que renunciemos al pecado y vivamos piadosamente (Tito 2:11,12), nuestro fruto es ahora la santificación (Hebreos 12:14).


Creemos que la Justificación del pecador es una de las doctrinas más importantes expresadas en la Biblia (Habacuc 2:4; Romanos 1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38). La Justificación es un acto de la libre gracia de Dios (Romanos 3:24), quien, por medio de la fe en Jesucristo, son perdonados todos nuestros pecados y nos acepta como justos delante de Él; esto es posible solamente en virtud de la justicia de Cristo (Romanos 5:1; Hechos 13:31) la cual nos es imputada, y recibimos únicamente por la Fe en Jesucristo (Gálatas 2:16).


La evidencia de la fe consiste en confiar plenamente en la Palabra de Dios y vivir conforme a ella, pues la fe verdadera demanda un modo de vivir con base en las obras que evidencian la realidad de la fe (Santiago 2:14-16), pues no somos salvos por obras, pero sí somos salvos por la gracia de Dios para buenas obras (Efesios 2:10; 4:12, Hebreos 11:1) es una definición de lo que es la fe la cual es vinculada con una determinada manifestación de la vida cristiana al relacionarla con “las cosas que se esperan”.


La fe, dice el autor de la carta a los Hebreos, es una realidad que es presentada como “la sustancia de las cosas que se esperan”. La fe da solidez o firmeza en medio de la movilidad cambiante de todo lo que rodea a la experiencia humana. La fe no es en sí misma la esperanza, pero nos vincula a Cristo que es esperanza plena, ya que todo cuanto ocurra en el futuro, y las cosas que se produzcan no solo están bajo su control, sino que se desarrollan bajo su soberanía. La fe es un principio activo en la vida del creyente y procede de Cristo mismo como regalo de la gracia. “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). El ejemplo máximo y supremo de fe es Jesucristo mismo, en quien debe fijarse la mirada del que corre la carrera de la fe (Hebreos 12:1-3).